Redefinir la gobernanza metropolitana en el siglo XXI
2024
En un mundo en el que el 60 % de la población vive actualmente en áreas metropolitanas, los límites tradicionales de las ciudades se han disuelto para dar lugar a ecosistemas complejos e interconectados.
Las superautopistas ciclistas de la Región Capital de Dinamarca y el gobierno metropolitano de dos niveles de Barcelona no son más que dos ejemplos de cómo las aglomeraciones urbanas están redefiniendo la colaboración, la sostenibilidad y la equidad.
Sin embargo, a medida que las metrópolis crecen en tamaño e influencia, se enfrentan a retos sin precedentes: crisis climáticas, desigualdades sociales, gobernanza fragmentada y la necesidad de estructuras resilientes y adaptables. Esta síntesis analiza cómo la gobernanza metropolitana —a través de la innovación, la cooperación y la reorientación estratégica— puede transformar estos gigantes urbanos en motores de prosperidad, inclusión y sostenibilidad para todos.
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El siglo XXI: la era de las metrópolis y sus retos de gobernanza
La metrópolis como brújula: retos globales, repercusiones locales
El siglo XXI se caracteriza por una serie de crisis interrelacionadas: el cambio climático, la inestabilidad económica, la polarización social y la erosión de la confianza en las instituciones. Las metrópolis, donde viven 1.800 millones de personas y que son responsables del 60 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, se encuentran en el centro de estos retos. Son a la vez víctimas y responsables de la degradación medioambiental, las disparidades económicas y la fragmentación social.
Las metrópolis no son autosuficientes; dependen de los sistemas naturales que las rodean para obtener alimentos, agua, energía y bienestar. (p. 10)
Sin embargo, también tienen la clave de las soluciones. Como motores de la innovación y el crecimiento económico, las metrópolis generan el 55 % del PIB mundial, aunque solo ocupan el 3 % de la superficie terrestre. Su doble papel —como problema y como solución— exige un cambio de paradigma en la gobernanza. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los informes del IPCC subrayan su papel fundamental a la hora de abordar los problemas globales, desde la pobreza hasta la adaptación al cambio climático.
El proceso de metropolización —la fusión de las zonas urbanas, periurbanas y rurales en sistemas interconectados— pone en tela de juicio las nociones tradicionales de ciudad, lugar y pertenencia. Exige estrategias de gestión integradas que abarquen la diversidad, la conectividad y la sostenibilidad. (p. 10)
Evolución de la población en las ciudades más grandes del mundo
La realidad fragmentada: modelos de gobernanza y sus límites
La gobernanza metropolitana no es un bloque monolítico. Han surgido cuatro modelos principales, cada uno con sus puntos fuertes y débiles:
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Gobiernos metropolitanos (p. ej., Barcelona, Estambul): una autoridad centralizada que aúna recursos y optimiza las operaciones en un área más amplia. Aunque es eficiente, conlleva el riesgo de que surjan lagunas en la rendición de cuentas si los residentes se sienten desconectados de la toma de decisiones.
Los gobiernos metropolitanos tienen el potencial de remodelar las áreas urbanas al aúnar recursos y hacer que las operaciones sean más eficientes en un área más amplia. (p. 13)
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Agencias sectoriales (p. ej., la Red Metropolitana de Movilidad de Santiago): organismos especializados que gestionan el transporte público, el agua o los residuos. Aportan conocimientos técnicos y eficiencia, pero pueden generar disparidades en los servicios si carecen de una supervisión central.
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Coordinación vertical (p. ej., la zona metropolitana de Manila): se basa en las autoridades nacionales o regionales para aplicar las políticas. Aunque aprovecha las estructuras existentes, puede fragmentar la gobernanza y agravar las disparidades fiscales.
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Cooperación voluntaria (p. ej., Los Ángeles, Gran Ginebra): un enfoque flexible y ascendente en el que los municipios colaboran para abordar retos comunes. Sin embargo, su éxito depende de la voluntad política y de un compromiso sostenido.
No existe un modelo único válido para todos los casos. La elección depende de la historia, la cultura política y las necesidades específicas de la área metropolitana. Algunas metrópolis incluso combinan modelos, como un gobierno metropolitano junto con organismos específicos de cada sector. (p. 17)
Los retos fundamentales: confianza, fragmentación y resiliencia
La gobernanza metropolitana se enfrenta a tres retos fundamentales:
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Fomentar la confianza y la legitimidad: La disminución de la cohesión social y la desconfianza en las instituciones debilitan el contrato social. Los gobiernos metropolitanos deben dar prioridad a la participación inclusiva, garantizando que las comunidades marginadas —especialmente las mujeres y las minorías étnicas— tengan voz.
Es esencial promover la equidad social y de género en los órganos de gobierno. La falta de una representación diversa socava la eficacia de la gobernanza y perpetúa las desigualdades. (p. 19)
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Abordar la gobernanza fragmentada: Las áreas metropolitanas suelen ser un mosaico de ciudades, cada una con su propia agenda. La gobernanza multinivel —la colaboración entre autoridades locales, regionales y nacionales— es clave para superar el partidismo político y las disparidades en los recursos.
Ejemplo: El plan TransformTO de Toronto busca armonizar los esfuerzos municipales, provinciales y federales para la transición hacia las energías renovables, a pesar de que la normativa provincial limita la acción local. (p. 20)
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Fomentar la resiliencia ante las crisis globales: Las metrópolis son vulnerables a los desastres —pandemias, emergencias climáticas, crisis económicas—. La previsión estratégica y la colaboración intersectorial son esenciales para anticiparse a las crisis, responder a ellas y recuperarse de ellas.
El futuro de nuestras metrópolis depende de su capacidad para adaptarse a emergencias complejas y megatendencias. (p. 21)
Propuestas para un futuro metropolitano sostenible
Para prosperar, las metrópolis deben adoptar cuatro pilares estratégicos:
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Visión metropolitana holística: La gobernanza debe considerar la metrópolis como:
1. Un sistema urbano (que conecta suburbios, pueblos y zonas industriales).
2. Parte de un ecosistema (dependiente de los recursos naturales y los flujos globales).
3. Un actor global (que aborda el cambio climático, la violencia de género y la salud pública).
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Marcos institucionales y financieros sólidos: Las áreas metropolitanas necesitan autonomía fiscal y fuentes de ingresos estables (impuestos, tasas de usuario, transferencias intergubernamentales). La descentralización debe ir acompañada de una financiación adecuada para evitar desequilibrios fiscales.
Ejemplo: Las limitadas opciones de recaudación de Londres ponen de relieve la necesidad de una reforma fiscal que ajuste las responsabilidades a los recursos. (p. 20)
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Gobernanza inclusiva y participativa: La cocreación con los ciudadanos, la sociedad civil y el sector privado fomenta la confianza y el sentido de pertenencia. La gobernanza metropolitana debe ir más allá de la participación simbólica para alcanzar una implicación significativa.
La gobernanza metropolitana debe evolucionar hasta convertirse en un facilitador de la innovación social y de una participación activa y accesible. (p. 19-20)
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Estrategias adaptativas y con visión de futuro: La elaboración de escenarios y la planificación estratégica (p. ej., Singapur, Lyon) ayudan a las metrópolis a anticiparse a las tendencias y a afrontar la incertidumbre. Al fomentar una cultura de cooperación, pueden convertir los retos en oportunidades.
Conclusión: Un llamamiento a la acción colectiva
La gobernanza metropolitana no consiste en añadir burocracia, sino en reajustar las estructuras para adaptarlas a la naturaleza dinámica e interconectada de la vida urbana. Requiere:
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Colaboración entre los distintos niveles de gobierno y sectores.
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Confianza forjada a través de la transparencia y la representación inclusiva.
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Adaptabilidad a los retos y oportunidades en constante evolución.
La gobernanza metropolitana ofrece un marco prometedor para abordar los complejos retos a los que se enfrentan las metrópolis contemporáneas. Al adoptar un enfoque holístico que trascienda las fronteras tradicionales y fomente una cultura de confianza y equidad, los gobiernos pueden allanar el camino hacia un futuro más sostenible y próspero para todos. (p. 24)
El siglo XXI exige una nueva narrativa urbana, en la que las metrópolis no sean solo motores de crecimiento, sino faros de equidad, resiliencia e innovación.
Références
Documento en línea: Redefining metropolitan governance in the 21st century - Redefinir la gobernanza metropolitana en el siglo XXI