Hacia un enfoque metabólico de los espacios urbanos

Note rapide n° 823

novembre 2019

Institut d’aménagement et d’urbanisme de la région d’Île-de-France (IAU)

Más allá de los múltiples enfoques ciudadanos y además de un enfoque institucional de la circularidad, se está consolidando una nueva forma de concebir el desarrollo: el urbanismo circular. Si bien la economía circular está de moda, su alcance no se limita a la gestión de desechos o al reciclaje de materiales. Es en efecto la propia fabricación y gestión de las ciudades y territorios urbanos que siguen siendo hasta hoy el eslabón perdido para hacer circular este nuevo paradigma de planificación urbana. Un enfoque llamado « metabólico » de los espacios urbanos, que es global, sistémico e interterritorial, podría hacerlo posible.

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Trabajar para que las ciudades sean más circulares implica adoptar un enfoque particular, utilizando el concepto de « metabolismo territorial », que se refiere a « todos los flujos de energía y materiales que intervienen en el funcionamiento de un territorio determinado » [Barles, 2017]. Este enfoque consiste en entender las ciudades como el resultado de un régimen socioecológico específico, ya no sólo por sus funciones o actividades, sino por sus flujos y existencias de materiales y recursos. Aunque los orígenes de esta concepción parecen remontarse al siglo XIX, el metabolismo territorial experimentó sus primeros desarrollos con el trabajo de ingenieros, químicos, biólogos o ecologistas como Eugene Odum, Paul Duvigneaud o Abel Wolman. Este último fue el precursor de un enfoque contable de las entradas y salidas de los flujos necesarios para el funcionamiento de los espacios urbanos en el decenio de 1960.

Hoy en día, los estudios sobre el metabolismo tienden a desarrollarse de manera sostenida, tanto en el mundo académico como en el institucional. Se llevan a cabo principalmente en forma de análisis de flujo de materiales, el método de contabilidad más extendido y sólido en la actualidad. En Île-de-France, seis territorios se han embarcado en este enfoque. Más allá de estos ejercicios, los resultados de los análisis de flujo de materiales y, más en general, el enfoque metabólico, deben integrarse ahora en el campo de la planificación urbana.

Difusión de la economía circular en la planificación territorial

Es evidente que la planificación urbana circular requerirá en primer lugar la apropiación del espacio en el corazón de las ciudades para garantizar el despliegue y la puesta en red de los equipamientos de la economía circular (centros de clasificación, centros de recursos, instalaciones de reciclaje de materiales, etc.). Las necesidades de esta economía y, más en general, las de la transición ecológica, hacen que en la región de Île-de-France haya una competencia cada vez mayor por el uso de los recursos de la tierra, en particular en torno a los espacios vacíos, que son objeto de una competencia feroz con otros usos para la resistencia climática, la preservación y el restablecimiento de la continuidad ecológica, etc. Hemmerdinger et al. 2019].

La elaboración de catastros de recursos es un requisito previo esencial para optimizar la « mina urbana »: los edificios, las infraestructuras o incluso los vertederos pueden constituir importantes depósitos de recursos secundarios que deben recuperarse y valorizarse. Se están llevando a cabo cada vez más estudios sobre esta cuestión de la calificación de la mina urbana [Augiseau, 2017; Stephan, Athanassiadis, 2017]. Sin embargo, los diagnósticos de los documentos de planificación urbana no sólo permitirían evaluar estos recursos a nivel de parcela, sino sobre todo estar en condiciones de fijar en sus orientaciones medidas destinadas a su optimización. Los documentos de planificación urbana no sólo son útiles para la protección del suelo, sino también para pensar en el diseño arquitectónico y urbano de las instalaciones de economía circular, cuya aceptabilidad también debe mejorarse. Del mismo modo, son importantes para garantizar el acceso a los recursos explotables (recursos forestales o minerales en particular) en los territorios. El objetivo es aumentar la capacidad de extracción local, al tiempo que se trabaja en la aceptabilidad de estas actividades, que probablemente generen importantes impactos ambientales. Por lo tanto, los documentos de planificación urbana desempeñan un papel esencial, tanto para aumentar la oferta (capacidad de desarrollar los recursos locales, etc.), como para aumentar la demanda de productos de la economía circular, en la construcción (utilización de materiales secundarios o de fuentes biológicas, etc.), así como en los espacios verdes1 (producción de suelo fértil a partir de materiales reciclados, etc.).

¿Ciudad inerte, planificación urbana flexible?

Si bien los documentos de planificación urbana desempeñan un papel esencial en el despliegue de la economía circular, históricamente se han construido en una lógica de acompañamiento y luego de regulación del crecimiento urbano. Sus consideraciones estaban entonces muy alejadas de las cuestiones de planificación urbana circular, basadas en la sobriedad, la reducción del flujo de materiales consumidos en las ciudades, la prolongación de la vida útil de los edificios, la vigilancia y supervisión de las operaciones de demolición, el uso de materiales precisos procedentes del reciclaje, etc.

Frente al carácter relativamente « inerte » de las ciudades, estos documentos marco pueden promover la intensificación de los espacios con poca o ninguna transformación material, los cambios en el uso de los edificios, su carácter evolutivo, la conservación de las actividades productivas y logísticas, los servicios urbanos, etc. Sin embargo, muchas de las cuestiones en juego van más allá de las nuevas construcciones sobre las que los documentos de planificación urbana actúan como prioridad y nos llevan a centrarnos en la modularidad, la optimización de las construcciones existentes. Por lo tanto, podemos preguntarnos sobre la capacidad de los instrumentos de planificación territorial, en su diseño actual, para integrar estos principios de un metabolismo más circular?

Más allá de los lugares y las necesidades materiales que éstos requieren, es hacia una creciente hibridación de los usos y la multiplicación de las capacidades de interacción, intercambio y reciprocidad que el urbanismo circular nos desafía. La circularidad va aquí más allá de la sostenibilidad al retomar el principio de la densificación: ya no se considera sólo a nivel físico, sino también en términos de uso, alrededor de edificios multifuncionales y multiservicios, espacios donde la producción, la reparación, la venta, la distribución, etc., están situados uno al lado del otro. Enfrentar la planificación urbana con cuestiones metabólicas significa también pensar en otros medios para producir espacios urbanos más sobrios, como elevar la altura de las viviendas, optimizar los edificios vacíos o de función única (gimnasios, oficinas, etc.), que pueden ser fuentes de optimización del parque de edificios existentes.

En un entorno construido especialmente limitado (densidad, protección del patrimonio, etc.), la ciudad circular se transformará menos a nivel morfológico que a nivel organizativo, y de manera « invisible » para las herramientas cuantitativas clásicas del urbanismo (cartografía 2D, planos, etc.). Intersticios, planta baja, patios, escaleras, etc. Intersticios, plantas bajas, patios, escaleras, etc.: son todos ellos lugares que serán movilizados por las ciudades que carecen de espacio para clasificar o compartir objetos e ideas, para crear talleres o locales productivos, para establecer nuevas formas de organizar los lugares de trabajo, etc.

En el plano operacional, los propietarios de los proyectos tienden a hacer obligatoria la economía circular mediante cláusulas sobre contratos públicos. Ello supone, por ejemplo, imponer un diagnóstico de recursos2 y una deconstrucción selectiva a los contratistas de demolición, y registrar los porcentajes de materiales reutilizados en los contratos de construcción. Sin embargo, estos mercados movilizan a muchos actores, incluso a diferentes propietarios de proyectos, que difícilmente pueden intercambiar materiales por razones legales, lo que plantea la cuestión de la creación de un mercado común de la demolición y la construcción. Además de la acción pública, todos los actores operativos (empresas, arquitectos, oficinas de proyectos, etc.) están llamados a trabajar mucho más allá de sus misiones primarias para promover el urbanismo circular.

Un necesario enfoque interterritorial de la circularidad

Una de las condiciones para la aplicación de un enfoque metabólico de los espacios urbanos es la búsqueda de cooperación basada en el concepto de « interterritorialidad ». Se entiende como « la búsqueda de la eficiencia de la acción pública territorial a través de la coordinación, la articulación y el ensamblaje de los territorios, tal como son » [Béhar et al., 2014], a través de las herramientas existentes (contratos de reciprocidad, por ejemplo), y otras que quedan por imaginar. En efecto, la circularidad impone la transversalidad desde el principio hasta el final de los ciclos de los flujos, a pesar de los límites institucionales, al mismo tiempo que trata los conflictos de intereses de los actores. Esto no es en absoluto una novedad: hay muchos ejemplos de reutilización de materiales secundarios para el diseño de calles, o de simbiosis urbano-rural en la historia urbana en torno a los flujos orgánicos en particular [Barles, 2005; D’Arienzo, 2017]. Este sistema se ha visto socavado por la globalización y la planificación urbana moderna, hasta tal punto que hoy en día el carácter globalizado de la economía presupone una organización en red de empresas de gestión del flujo de materiales, cuyas instalaciones van mucho más allá de las fronteras de los territorios institucionales [Durand y otros, 2016]. Esta realidad plantea interrogantes sobre el reto de crear empleos locales que no se puedan reubicar, y también sobre la importancia del principio de proximidad en la gestión de los desechos, en lo que respecta a la estructuración económica de las industrias y la capacidad de los territorios para consumir los materiales y productos resultantes del reciclaje. En términos más generales, los enfoques según los cuales « las ciudades están en el poder » [Barber, 2014] deben ser calificados. En efecto, las ciudades o bien se ven privadas de recursos y salidas para sus residuos, o bien son incapaces de gestionar estos depósitos, lo que, tal y como están las cosas, pone en duda su capacidad para gobernar el flujo del metabolismo. Por último, la circularidad aplicada a las ciudades y los territorios plantea siempre las mismas cuestiones conceptuales y prácticas que las relativas al desarrollo sostenible, en torno a la oposición entre territorios « sirviendo » y « servidos ». La superación de esta oposición es un reto importante para la aplicación de un enfoque más cooperativo y solidario de la planificación urbana circular.

¿Hacia un metabolismo 100% circular y « limpio »?

Si el enfoque metabólico de los espacios urbanos es prometedor, deben establecerse las condiciones para la aceptación de esta transición. En primer lugar, el mito absoluto del 100% de circularidad, sinónimo de autosuficiencia urbana, debe ser calificado. Las ciudades, especialmente las metrópolis, tienen una materialidad exterior cuyos efectos se producen mucho más allá de sus límites institucionales (extracciones, emisiones, vertederos, etc.). En segundo lugar, la transición no se hará sin repercusiones en el medio ambiente, ni sin repercusiones en las poblaciones. Por ejemplo, el despliegue de la circularidad marca un retorno a una concepción más productiva de la ciudad, en particular la trituración de los residuos de construcción o la metanización. Se trata de actividades susceptibles de generar molestias locales (olores, ruidos, emisiones atmosféricas accidentales, transporte, etc.). Además, la situación económica actual se caracteriza por la multiplicación de proyectos urbanos de gran envergadura en el valle del Sena o a lo largo de las orillas del canal de Ourcq, destinados a sustituir los terrenos baldíos industriales monofuncionales por grandes distritos de uso mixto. En este sentido, la renovación urbana es un vector de aumento y diversificación de las existencias de materiales en los espacios urbanos [Fernández y otros, 2018]. El reciclaje urbano, que se está intensificando, ahorra espacios agrícolas y naturales y reduce el consumo de materiales para las diversas redes, pero marca un aumento de la reserva de recursos que contienen las ciudades. Al mismo tiempo, es probable que la tendencia a la intensificación urbana produzca desechos muy difusos resultantes de las operaciones de renovación y rehabilitación, llevadas a cabo en particular por particulares. Por lo tanto, el enfoque metabólico requiere ir mucho más allá de los ejercicios de análisis de los flujos de materiales que están surgiendo hoy en día. La reflexión conjunta sobre los instrumentos y fundamentos de la planificación urbana, así como sobre los métodos de gestión de los flujos, es un campo de investigación y trabajo especialmente importante para el futuro de los territorios.

1 En este punto y a modo de ejemplo, el proyecto Siterre demostró la viabilidad y los beneficios de los tecnosoles creados a partir de ladrillos, hormigón de demolición, residuos verdes, etc. 1. Coulon y otros, 2016].

2 Como resultado de la ley Grenelle, desde 2012 los propietarios de los proyectos están obligados a realizar un diagnóstico de los residuos resultantes de la demolición de ciertos edificios, en particular los que tienen una superficie de más de 1.000 m².

Références

  • Augiseau Vincent, La dimension matérielle de l’urbanisation : fl ux et stocks de matériaux de construction en Île-de-France, tesis doctoral en geografía y planificación defendida el 11 de diciembre de 2017 en la Universidad de París 1 Panthéon-Sorbonne.

  • El barbero Benjamin R., si los alcaldes gobernaran el mundo. Dysfunctional nations, rising cities, Yale University Press, septiembre de 2014.

  • Barles Sabine, « Écologie territoriale et métabolisme urbain : quelques enjeux de la transition socioécologique », en Revue d’économie régionale et urbaine, Armand Colin, diciembre de 2017, págs. 819 a 836.

  • Barles Sabine, L’invention des déchets urbains. Francia 1790-1970, Ceyzérieux, ediciones Champ Vallon, 2005.

  • Béhar Daniel, Estèbe Philippe, Vanier Martin, " Réforme territoriale : avis de décès de l’interterritorialité ? « , Métropolitiques, 13 de junio de 2014. bit.ly/2BhT2PR

  • Coulon Anaïs, Damas Olivier, Creando suelos fértiles. Du déchet à la végétalisation urbaine, Paris, éditions Le Moniteur, 2016.

  • D’Arienzo Roberto, Métabolismes urbains. De l’hygiénisme à la ville durable: Nápoles 1884-2004, Ginebra, MétisPresses, 2017.

  • Durand Mathieu, Bahers Jean-Baptiste, Beraud Hélène, « Vers une économie circulaire… de proximité ? Une spatialité à géométrie variable « , en Déchets, sciences et techniques, n° 71, octubre 2016, pp. 49-63.

  • Fernández Mathieu, Blanquart Corinne, Verdeil Éric, " La terre et le béton : le projet d’urbanisme considéré sous l’angle du métabolisme territorial « , Vértigo, vol. 18, No. 3, Diciembre 2018.

  • Hemmerdinger Thomas, Lacombe Florian, López Cristina, Vialleix Martial, " L’Île-de-France face au défi de l’économie circulaire « , Note rapide, n° 804, IAU îdF, mars 2019.

  • Stephan André, Athanassiadis Aristide, « Quantifi ed and Mapping Embodied Environmental Requirements of Urban building Stocks, Building and Environment », vol. I, pág. 2. 121, agosto de 2017, págs. 291 y 292.

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